Ciertamente ha habido una asociación de ideas, pero no de malas ideas, que una no se regocija en las desgracias ajenas y si puede les procurará alivio.
Y de eso se trata de procurar alivio a una cara triste, para que se atreva a esbozar una sonrisa.
La asociación de ideas me llevó a recodar "un corto" que leí hace tiempo. Recordarlo, buscarlo, encontrarlo y recuperarlo.
El corto lleva por título "DESVÍEN EL RUMBO".
Dice se trata de una conversación real interceptada por radio en la costa de Finisterre (Galicia), entre españoles y norteamericanos, en octubre de 1995.
La conversación se desarrolla en los siguientes términos:
- Españoles: ... (ruido de fondo)... Por favor, desvíen su rumbo quince grados sur, para evitar colisión.
- Americanos: ... (ruido de fondo)... Recomendamos que desvíen su rumbo quince grados norte, para evitar colisión.
- Españoles: Negativo. Repetimos, desvíen su rumbo quince grados sur, para evitar colisión.
- Americanos: Al habla el Capitán de un navío de los Estados Unidos de América. Insistimos, desvíen SU rumbo.
- Españoles: Volvemos a repetir, les recomendamos que desvíen SU rumbo.
- Americanos: Les habla el Capitán del portaaviones de la Marina de los Estados Unidos "Lincoln", el segundo navío de guerra más grande de la flota Norteamericana. Nos escoltan tres destructores, tres cruceros y numerosas corbetas de apoyo. Nos dirigimos hacía aguas del golfo pérsico para preparar maniobras militares, ante un eventual ataque de Irak. En caso contrario nos veremos obligados a tomar las medidas que sean necesarias, para garantizar la seguridad de este buque. Ustedes pertenecen a un país aliado de Estados Unidos, por favor, obedezcan inmediatamente.
- Españoles: Les hablamos desde un faro. Somos dos personas. No tenemos ni puñetera idea de nuestra posición en el ránking de faros españoles. Nos escoltan un perro, nuestra comida y dos cervezas. Tenemos al apoyo de Cadena Dial de A Coruña y estamos en tierra firme. Pueden tomar las medidas que consideren oportunas, y les de la gana, para garantizar la seguridad de su buque, pero, volvemos a insistir, lo mejor es que desvíen su rumbo si no quieren darse una leche contra el faro.
lunes, 20 de febrero de 2012
sábado, 18 de febrero de 2012
El niño medicamento.
He recibido un correo con este articulo y al leerlo me han dado cosquillas. Los niños medicamento son como cualquier niño, hasta parecen normales, pero viven su drama. Hace un tiempo vi la película "La decisión de Anne", es de aquellas películas que las quisieras evitar, pero no las puedes ignorar. Pongo enlace a la crítica de la película para quien quiera servirse de él.
http://www.decine21.com/Peliculas/La-decision-de-Anne-18010

http://www.decine21.com/Peliculas/La-decision-de-Anne-18010
“Señorita
farmacéutica, me puede dar un bebé para curar a mi hijo” “Aquí tiene, son XXX
euros y 25 fetos”. La conversación es provocativa y provocadora; exagerada e
hiriente dirán unos, cruelmente real dirán otros. La polémica ha vuelto a
saltar hace unos días, cuando en Sevilla una mujer a dado a luz el segundo
“bebé medicamento” (los medicamentos se compran en la farmacia, o en la
farmacia hospitalaria; de ahí la conversación inicial, y el calificativo de
bebé medicamento se puede encontrar en medios de comunicación de todo tipo).
Por segunda vez fabrican este medicamento en Sevilla; el primero vioo la luz de
este mundo en el 2008..
Hace varios años se llevó a la gran pantalla una película que ilustra este problema, “La decisión de Anne”. Cuando Sara Fitzgerald dio a luz a Kate, ella y su marido Brian se regocijaron con la llegada de la bebé. Pero poco después diagnosticaron a la pequeña una rara forma de leucemia. La salud de Kate se convirtió en el centro de la familia. La obsesión, casi enfermiza, creció aún más con el nacimiento de su hermana Anne. Ella era una necesidad, concebida con la combinación genética perfecta, diseñada específicamente para salvar la vida de Kate.
La pequeña Kate va creciendo y necesita asistencia médica y hospitalaria frecuente. Once años viviendo la rutina de procedimientos médicos interminables, ingresos hospitalarios, pruebas de todo tipo... Y lo último: sus riñones están fallando, necesita uno nuevo. Así que, como lo han hecho durante toda su joven vida, los padres vuelven su mirada a Anne. Tendrá que pagar, una vez más, el precio para curar a su hermana, un precio entre sábanas y paredes blancas de hospital. Pero Anne, con sus 11 años de edad, dice, por primera vez: "¿yY qué hay sobre mí?" Y se niega a dar una parte de sí misma a su hermana Kate. En lugar de esto, decide demandar a sus padres por el derecho a proteger a su propio cuerpo.
La película presenta la actitud personal de Anne, este bebé medicamento. La protagonista llega a afirmar: "Cuando era pequeña, mi madre me dijo que yo era un pequeño pedazo de cielo que había venido a este mundo porque ella y papá me querían mucho. No fue sino tiempo después cuando me di cuenta de que eso no era exactamente verdad". Ése es el verdadero drama de estos experimentos, más allá incluso de los fetos, seres humanos reconocidos científicamente, que se han quedado por el camino.
Anne, esta preadolescente rebelde, ha chocado de frente con la pregunta de las preguntas: Yo, ¿por qué he nacido? ¿Para qué? ¿Cuál es mi razón de ser? ¿La construcción, ad hoc, de un niño con unas determinadas características? ¿El fallo de un anticonceptivo? ¿Una relación que terminó como no se esperaba? Y en esa crisis existencial brota la rebeldía. ¿Está justificada esta actitud, este rechazo a seguir siendo el medicamento de su hermana, el medio para que... sin ser nunca el fin, el destino de de un amor a ella simplemente por ser ella?
Vivimos en una sociedad moderna, hemos progresado mucho. La medicina ha avanzado de modo exponencial en las últimas décadas. La ciencia es capaz de realizar operaciones que hace unos años parecían ciencia ficción, inventos imposibles de alcanzar. El desarrollo tecnológico sigue marcando hitos, incluso transformando radicalmente nuestra civilización. En cuestión de años, nos parece lejano, casi de la prehistoria, escribir cartas a mano y mandarlas por correo o diseñar los planos de un edificio sólo con una mesa, lápices, reglas y algunas cosas más.
Pero seguimos teniendo las mismas inquietudes, los mismos interrogantes que han atravesado la historia: ¿Por qué he nacido? ¿Para qué? El crecimiento en la respuesta a éstos deseos del corazón es, antes o después, lo que nos preocupa de verdad. Y estos interrogantes, estos deseos de amar y sentirse amado, pueden provocar una rebelión como la de Anne, incomprensible a primera vista (sin esta operación su hermana moriría), pero que pone al desnudo los anhelos del ser humano: un ser único (individuo) que se resiste a ser tratado como medio para..., que reclama el protagonismo que le es debido.
Aquí radica el fondo de todos los problemas de esa ciencia nueva, labioética: la vida no es sólo una serie de procesos neuro-químicos, un contenido genético que hace diferente un cuerpo de otro, el del embrión del de su madre. La vida es mucho más, es amor, respeto, no instrumentalización, placer personal. Si está claro el cimiento, las consecuencias y el respeto a ciertos límites surgirá por sí mismo. Y si no se nos ocurre, agradezcamos que alguien nos lo diga.
Hace varios años se llevó a la gran pantalla una película que ilustra este problema, “La decisión de Anne”. Cuando Sara Fitzgerald dio a luz a Kate, ella y su marido Brian se regocijaron con la llegada de la bebé. Pero poco después diagnosticaron a la pequeña una rara forma de leucemia. La salud de Kate se convirtió en el centro de la familia. La obsesión, casi enfermiza, creció aún más con el nacimiento de su hermana Anne. Ella era una necesidad, concebida con la combinación genética perfecta, diseñada específicamente para salvar la vida de Kate.
La pequeña Kate va creciendo y necesita asistencia médica y hospitalaria frecuente. Once años viviendo la rutina de procedimientos médicos interminables, ingresos hospitalarios, pruebas de todo tipo... Y lo último: sus riñones están fallando, necesita uno nuevo. Así que, como lo han hecho durante toda su joven vida, los padres vuelven su mirada a Anne. Tendrá que pagar, una vez más, el precio para curar a su hermana, un precio entre sábanas y paredes blancas de hospital. Pero Anne, con sus 11 años de edad, dice, por primera vez: "¿yY qué hay sobre mí?" Y se niega a dar una parte de sí misma a su hermana Kate. En lugar de esto, decide demandar a sus padres por el derecho a proteger a su propio cuerpo.
La película presenta la actitud personal de Anne, este bebé medicamento. La protagonista llega a afirmar: "Cuando era pequeña, mi madre me dijo que yo era un pequeño pedazo de cielo que había venido a este mundo porque ella y papá me querían mucho. No fue sino tiempo después cuando me di cuenta de que eso no era exactamente verdad". Ése es el verdadero drama de estos experimentos, más allá incluso de los fetos, seres humanos reconocidos científicamente, que se han quedado por el camino.
Anne, esta preadolescente rebelde, ha chocado de frente con la pregunta de las preguntas: Yo, ¿por qué he nacido? ¿Para qué? ¿Cuál es mi razón de ser? ¿La construcción, ad hoc, de un niño con unas determinadas características? ¿El fallo de un anticonceptivo? ¿Una relación que terminó como no se esperaba? Y en esa crisis existencial brota la rebeldía. ¿Está justificada esta actitud, este rechazo a seguir siendo el medicamento de su hermana, el medio para que... sin ser nunca el fin, el destino de de un amor a ella simplemente por ser ella?
Vivimos en una sociedad moderna, hemos progresado mucho. La medicina ha avanzado de modo exponencial en las últimas décadas. La ciencia es capaz de realizar operaciones que hace unos años parecían ciencia ficción, inventos imposibles de alcanzar. El desarrollo tecnológico sigue marcando hitos, incluso transformando radicalmente nuestra civilización. En cuestión de años, nos parece lejano, casi de la prehistoria, escribir cartas a mano y mandarlas por correo o diseñar los planos de un edificio sólo con una mesa, lápices, reglas y algunas cosas más.
Pero seguimos teniendo las mismas inquietudes, los mismos interrogantes que han atravesado la historia: ¿Por qué he nacido? ¿Para qué? El crecimiento en la respuesta a éstos deseos del corazón es, antes o después, lo que nos preocupa de verdad. Y estos interrogantes, estos deseos de amar y sentirse amado, pueden provocar una rebelión como la de Anne, incomprensible a primera vista (sin esta operación su hermana moriría), pero que pone al desnudo los anhelos del ser humano: un ser único (individuo) que se resiste a ser tratado como medio para..., que reclama el protagonismo que le es debido.
Aquí radica el fondo de todos los problemas de esa ciencia nueva, labioética: la vida no es sólo una serie de procesos neuro-químicos, un contenido genético que hace diferente un cuerpo de otro, el del embrión del de su madre. La vida es mucho más, es amor, respeto, no instrumentalización, placer personal. Si está claro el cimiento, las consecuencias y el respeto a ciertos límites surgirá por sí mismo. Y si no se nos ocurre, agradezcamos que alguien nos lo diga.
jueves, 16 de febrero de 2012
WHITNEY HOUSTON, a.c.s.
Triste es la noticia cuando muere una persona, más dolida si se trata de una persona joven y admirada, si bien el morir, aunque evitemos pensar en ello, es consecuencia del vivir. Pero las personas, aunque ausentes, siempre viven en sus obras y mientras son recordadas por alguien.
Whitney Houston cantaba como nadie más que ella sabía hacerlo, y por mucho tiempo seguirá viviendo en sus canciones, con su voz llena de fuerza que no deja indiferente.
Sabemos que "Jesus loves me" fue la última canción que cantó en el escenario. Le pesaba la vida y se fue, ahora estará con su Amor.
domingo, 12 de febrero de 2012
Una ventana que se abre.
Ciertamente la dicha compartida se multiplica. Y si lo que se comparte son las penas, estas se hacen más llevaderas.
También alguien dijo: "Lo único que crece al compartirlo es el conocimiento"
Y he abierto una ventana en Arda.
Si decides asomarte en ella serás bienvenido/a
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