lunes, 30 de abril de 2012

¿Mediocre? No, gracias

        En una sociedad tan competitiva como es la nuestra, en la que prima el éxito a corto plazo y en la que las empresas parece solo apuestan por los mejores, se podría pensar que alguien que no sobresalga, que se mantiene en segundo plano, está condenado a permanecer en un digna mediocridad. Es como si le dijeran: "Si no eres capaz de ganar la carrera, no hace falta que participes" Algo así como si la liga solo la pudieran jugar el Barça y el Madrid (omito cualquier comentario)
        A veces se olvida que las personas valemos por lo que somos y no por lo que tenemos o hacemos. El esforzarse, el perseverar, el no rendirse, el volver a empezar, el potenciar nuestras aptitudes son "herramientas" que nos ayudan a crecer y a ser.
        Se quedará en mediocre el que por temor al esfuerzo no empieza, el que dice ya basta, el que hace comparaciones odiosas, el que tropieza y no se levanta, el "tasta olletes" (que siempre va probando), el que...
        Se trata de descubrir cuales son nuestros puntos fuertes y trabajarlos y potenciarlos.
        Un buen ejemplo de ello lo encontramos en la película "Moneyball". Un modesto equipo de béisbol que va a la cola de la competición porque su presupuesto no le permite contratar a primeras figuras. En un momento dado (porque no voy a explicar la película) apuestan por contratar a jugadores que otros equipos tienen arrinconados. Cada uno de ellos tiene tiene algún punto fuerte y lo potencian, y el jugador al sentirse valorado se esfuerza y rinde. Y como trabajan en equipo van avanzando posiciones (pues ya expliqué mucho, pero no tanto, más información en http://www.decine21.com/Peliculas/Moneyball-22711)
        Como dice Enrique Rojas en una entrevista: "Inteligencia la podemos tener en mayor o en menor cantidad y no depende de nuestra elección, pero el querer las cosas, el poner el esfuerzo necesario para llegar a una meta sí depende de nuestro empeño".
        También ayuda, y mucho, es el tener al lado personas que crean en uno y que nos tiren para arriba. ¡Ah! pero nosotros también somos esa persona que está al lado de alguien para tirar de él hacia arriba, y decirle: "¡ánimo! ¡tu puedes!
        Se puede elegir, por eso "¿Mediocre? No, gracias"





jueves, 26 de abril de 2012

Valores educativos en la obra de Tolkien.



El artículo que sigue está publicado en Facebook por "LEMBAS, Tolkien y la Gastronomia", a quien agradezco me haya permitido compartirlo.
Si todos los personajes de Tolkien tienen un atractivo peculiar, una personalidad inconfundible, a Sam le encuentro un... no sabría decir. ¡Que bien nos viene contar con el apoyo de un Sam! 
"Sam que observaba a Frodo, lloró por dentro, pero ni una sola lágrima le asomó a los ojos secos y arrasados. -Dije que lo llevaría a cuestas aunque me rompiese el lomo -murmuró- ¡y lo haré! ¡Venga Señor Frodo!  -llamó-. No puedo llevarlo por usted (el Anillo), pero puedo llevarlo a usted junto con él. ¡Vamos querido Señor Frodo! Sam lo llevará a cuestas. Usted le dice por donde, y él irá."





VALORES EDUCATIVOS EN LA OBRA DE TOLKIEN


A pesar del riesgo que supone dar un consejo, ya que como diría el elfo Gidor: "raras veces los Elfos dan consejos indiscretos, pues un consejo es un regalo muy peligroso, aun del sabio al sabia, ya que todos los rumbos pueden terminar mal". Pienso que la obra de J.R.R. Tolkien es un vehículo de verdades y de unos ideales que nos enseñan a encontrar esa armonía del alma necesaria para aprender a ser persona. Además podemos añadir como Éowyn que "donde no falta voluntad siempre hay un camino"...


Si educar es transmitir y enseñar, unos modelos y valores que sean referentes claros en el horizonte vital. Si de lo que se trata es de comunicar la excelencia, a través de la cultura, para enriquecimiento del mundo interior de cada uno. Es en la obra de este gran escritor donde se puede encontrar estos modelos y valores que a su vez resultan especialmente atractivos para los jóvenes. 


Los relatos del Tolkien nos sugieren distintos mensajes, sentimientos o ideas, dependiendo de la etapa de la vida que los leamos. También es verdad que hay libros como "El Hobbit" que es apropiado para un público infantil, Tolkien lo escribió para sus hijos como las "Cartas de Papa Noel" donde el mismo las ilustra. Hay otros cuentos más breves como "Egidio el granjero de Ham", "El Herrero de Wooton Mayor" y "Hoja de Niggle", donde los valores subyacentes son captados por un público más maduro, pero siguen siendo adecuados para lectores adolescentes. Así "El Señor de los Anillos" ha fascinado durante décadas a muchos universitarios. Fue escrito para ser leído en el club de los Inklings, el grupo de amigos y profesores de Oxford, del que Tolkien formaba parte.


Aunque toda la obra de este escritor está impregnada de esos valores universales que hablan en lo profundo del corazón del hombre de cualquier tiempo y lugar, es a través de "El Señor de los Anillos", su obra más popular, donde Tolkien crea una mitología de la que el decía que existía la posibilidad de "la aplicabilidad" de los ideales y estilos de comportamiento. De ahí se deriva esos valores educativos, ya que es a través de modelos atractivos donde el aprendizaje resulta más fácil y eficaz.


Es imposible recoger aquí de manera exhaustiva cada aspecto ejemplar que ilumina esta historia. Pero podemos traer algunos de esos valores en los que unos personajes bien definidos nos dan la posibilidad de identificarnos. A parte de captar las ideas de fondo que nos quiere transmitir Tolkien, pues como diría G.K.Chesterton "los hechos no vienen antes; la verdad es lo primero". Como ocurre con el anillo, mito del poder para dominar a todos y de la corrupción que degrada hasta convertir a las "buenas personas" en seres abominables. En la lucha del bien contra el mal, entendiendo el mal no como categoría absoluta, sino como ausencia de bien, en el universo tolkienano todos los seres "malos" fueron creados buenos. En la ecuatástrofe que consiste en la victoria final del bien, a pesar de las dificultades y las impresionantes fuerzas que parezca poseer el Mal y las debilidades y miserias de los que están llamados a llevar a cabo la Misión. En el heroísmo de la  gente sencilla de quienes de quienes depende el cambio del curso de la historia. En la variedad de razas que refleja los distintos aspectos del ser humano y la solidaridad entre todos los puebles. En la posibilidad que tenemos todos de ser tentados y abandonar nuestra misión, todos podemos ser tentados a ser lo que no estamos llamados a ser.


Pero es en sus personajes, donde se concreta y se llena de matices cada una de estas posibilidades, de poderlo aplicar a nuestra vida ordinaria.


Esto se percibe en la generosidad y espíritu de sacrificio de Frodo héroe a pesar suyo, pero que se sobrepone a la comodidad y llega a afirmar que "cuando las cosas están en peligro alguien tiene que renunciar a ellas, perderlas para que otros las conserven". En Frodo a parte de destacar todas las cualidades del héroe, está la de la humildad que en los hobbits resalta de una manera encantadora, como en el momento de cumplir su proeza Frodo susurra: "-¡Ayúdame, Sam! ¡Ayúdame! ¡Detenme la mano! Yo no puedo hacerlo"


Es su compañero Sam el prototipo de amigo leal, una amistad llevada hasta sus últimas consecuencias, basa su lealtad en la lealtad de Frodo, pues está convencido de que él nunca le abandonaría. Son continuas las referencias a estas actitudes pero uno de los momentos más álgidos se refleja cuando: "Sam que observaba a Frodo, lloró por dentro, pero ni una sola lágrima le asomó a los ojos secos y arrasados. -Dije que lo llevaría a cuestas aunque me rompiese el lomo -murmuró- ¡y lo haré! ¡Venga Señor Frodo!  -llamó-. No puedo llevarlo por usted (el Anillo), pero puedo llevarlo a usted junto con él. ¡Vamos querido Señor Frodo! Sam lo llevará a cuestas. Usted le dice por donde, y él irá."


En los otros hobbits, también llama la atención su coraje y determinación. "Pues bien, atadme al lomo de uno de ellos, o dejadme ir colgado de un estribo, o algo así -dijo Merry- el trayecto es largo para que os siga corriendo pero si no puedo cabalgar correré..."


Es en Gandalf donde se destaca la prudencia del sabio consejero como cuando le dice a Frodo, quien desea en ese momento la muerte de Gollum: "muchos de los que viven merecen morir, y muchos de los que mueren merecen la vida. ¿Puedes devolver la vida? Entonces no te apresures a dispensar la muerte, pues ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos". Y él mismo es quien dice que "Los actos generosos no han de ser reprimidos por fríos consejos".


En Aragorn, la valentía y el dominio de si mismo son unas de las virtudes que más destacan, no duda en poner en peligro su vida por salvar la de sus compañeros y el éxito de la misión. Es él quien precisa que "quien no es capaz de desprenderse de un tesoro en un momento de necesidad es como un esclavo encadenado" y además explica con convicción a Éowyn que "las hazañas no son menos heroicas porque nadie las alabe".


Otro de los valores que se extiende por todo el libro es el de la esperanza, podemos descubrirlo en el elfo Légolas quien tiene muy experimentado que "cuando todo está perdido llega a menudo la esperanza" ya que "la solución se encuentra con frecuencia a la salida del sol".


Es el amigo de Légolas, el épico enano Gimli quien nos puede dar ejemplo de nobleza pues lleva a la práctica una de su frases que dice: "Desleal es aquel que se despide cuando el camino oscurece" y es hombre de honor cuando le ayuda a vivir la premisa de que "un juramento puede dar fuerzas a un corazón desfalleciente".


El ideal del amor fiel de Arwen y Aragorn, tiene en las páginas de "El Señor de los Anillos" uno de sus más hermosos pasajes, con palabras del actor Viggo Mortensen quien interpreta en la película a Aragorn se descubre que "ellos siente que su unión es más profunda y duradera que sus propias vidas. Se tienen el uno al otro siempre en mente. Hace tiempo que descubrieron que son mucho mejor juntos que separados".


En definitiva, los paradigmas de la obra de Tolkien nos animan a ser mejores y quien ha viajado a la Tierra Media, a través de una lectura reflexiva, vuelve con armas y bagaje para afrontar la aventura de la vida cotidiana.







Dar las gracias

Tengo una ahijada que es un dulce, un dulce de los buenos envuelto en papel de periódico, digo así porque a veces lo disimula, pero una vez empiezas a desenvolver el papel...
Y como corresponde a la tradición, el domingo de Pascua le regalo una "mona". Pero no vale una "mona" cualquiera, porque a ella lo que le gusta es el bizcocho casero. Así que he ido aprendiendo, y ahora además de chuparte los dedos, entra por los ojos casi como las de las pastelerías.
Este año la mocita me ha sorprendido con un papelito escrito que ha sacado del bolsillo. Todo un verso, de su autoría, agradeciendo a su madrina la puntual "mona" de todos los años y otras lindezas que me guardo.
La grata sorpresa me ha llevado a razonar que si bien es natural dar las gracias cuando nos tienen un detalle o prestan un servicio, pues ha caído en desuso la palabrita.
"Es de bien nacidos el ser agradecidos" reza el dicho popular, y si bien pagamos algunos servicios no nos es todo debido, y que te den las gracias puede ser más reconfortante que una generosa propina.
Cedes la acera y no pasa nada, se pasa al lado del paciente conductor como si fuera un piloto mecánico, nos excusamos con la sufrida dependienta que tiene el trabajo de recoger y doblar toda la ropa que dejamos de cualquier manera... ¿Acaso tememos se vayan a ofender por decir gracias?
Quien trabaja recibe su salario, está pagado, pero ciertamente es gratificante el que en un momento dado alguien agradezca el servicio prestado.
Lo he experimentado. En mi trabajo he atendido bien a las personas sin hacer nada extraordinario, es lo que debía. El despedirse con un buenos días es suficiente, pero si en un día de ajetreo en que te estás cansado más de lo habitual esa persona te dice "muchas gracias" pues no las esperas, no te las debe, pero ciertamente las agradeces en el alma, son un respiro en medio del ajetreo y desde luego la sonrisa, por lo menos en los ojos, te sale espontánea. Y si no lo dices, por lo menos lo piensas "las gracias se las doy yo a usted por decírmelas". Y es para dar gracias a Dios, porque esta palabra suele llegar en el momento en que más la necesitas.
Muchas cosas se pueden decir sobre el agradecimiento, pero como se dice que "si lo bueno breve, dos veces bueno" pues ya me extendí bastante.
A ti las gracias sobrinita, que esas tuyas son dulces de escuchar, y como vienen en papelito mucho más me han de durar.