Día sí, día también, los medios de comunicación hablan de Bárcenas y de Blesa, siguen con el Noos, y con los Eres de Andalucía que son una maraña, y a veces nos recuerdan el caso Palau…
Todo ello me lleva a pensar en Smaug, el dragón de El
Hobbit, que arrasa y lleva la destrucción y la desgracia por allá donde pasa,
con el único afán de acumular tesoros, tesoros que no puede disfrutar porque
los ha de proteger y conservar, siendo que la posesión posee a su poseedor.
Este destruye reinos y ciudades, aquellos la dignidad y
la honorabilidad de quien osa interponérsele, y ambos ignorando la necesidad y los derechos de los
legítimos dueños a quienes ignoran dando con indiferencia la espalda.
Los que no son noticia son los insignificantes “Bilbo” que
se olvidan de la comodidad de quedarse en el hogar, y emprenden la aventura de
ayudar a quien los necesita, sin hacer ruido y pasando desapercibidos.
Puede que siempre los haya de Smaug, pero todos llevamos
un Bilbo dentro y su aventura también puede ser la nuestra.
