miércoles, 24 de julio de 2013

EL SÍNDROME DEL DRAGON

   
   Día sí, día también, los medios de comunicación hablan de Bárcenas y de Blesa, siguen con el Noos, y con los Eres de Andalucía que son una maraña, y a veces nos recuerdan el caso Palau…
       Todo ello me lleva a pensar en Smaug, el dragón de El Hobbit, que arrasa y lleva la destrucción y la desgracia por allá donde pasa, con el único afán de acumular tesoros, tesoros que no puede disfrutar porque los ha de proteger y conservar, siendo que la posesión posee a su poseedor.
       Este destruye reinos y ciudades, aquellos la dignidad y la honorabilidad de quien osa interponérsele, y ambos  ignorando la necesidad y los derechos de los legítimos dueños a quienes ignoran dando con indiferencia la espalda.
       Los que no son noticia son los insignificantes “Bilbo” que se olvidan de la comodidad de quedarse en el hogar, y emprenden la aventura de ayudar a quien los necesita, sin hacer ruido y pasando desapercibidos.
       Puede que siempre los haya de Smaug, pero todos llevamos un Bilbo dentro y su aventura también puede ser la nuestra.

sábado, 2 de febrero de 2013

GOLLUM


       Son muchos los políticos corruptos, y los que salpican con sus actividades, y los que los encubren. Pero cuando alguien se lo echa en cara, se expone a que le digan: “y tú más”  Y a todo este desconcierto todavía se le añade el “calumnia que algo queda” ¿Quién puede tirar la primera piedra?
       Todo ello me trae a la memoria a Gollum de “El Señor de los Anillos”, que cuando encontró el anillo de poder se lo hizo suyo, su tesoro, y él que había sido una persona normal degeneró en una criatura egoísta y repelente. Así corrompe el poder.
       Pero la realidad supera la ficción y reconocer los errores es el primer paso para corregirlos. Políticos honrados los hay, pero deben ser valientes y apartar de sus cargos a las personas que estén en entredicho, por el bien de ellas mismas y de las instituciones que representan.
       Y ojalá la justicia fuera independiente del poder, entonces sí que sería igual para todos.

lunes, 21 de enero de 2013

INDECENTES

       Algunas veces comparto las opiniones de Arturo Pérez Reverte, otras veces difiero de ellas. En este reciente artículo que titula "INDECENTES" y que podríamos también traducir por "Desvergonzados", "Deshonestos", "Turbios", "Indeseables", "Inmorales", "Corrompidos", y otros sinónimos de la misma índole, creo somos muchos los que suscribimos su opinión.
        Ahí queda constancia de una opinión compartida por una gran mayoría, que ojalá algún día fuera suficiente para corregir estos desmadres.


INDECENTES

Me gustaría transmitirle al Gobierno pasado, al actual, y al que pueda venir lo siguiente:

TENGAN LA VERGÜENZA de hacer un plan para que la Banca devuelva al erario público los miles de millones de euros que Vds. les han dado para aumentar los beneficios de sus accionistas y directivos.

PONGAN COTO a los desmanes de las empresas de telefonía y de ADSL que ofrecen los servicios más caros de Europa y de peor calidad.

ELIMINEN la duplicidad de muchas Administraciones Públicas, suprimiendo organismos innecesarios, reasignando a los funcionarios de carrera y acabando con los cargos, asesores de confianza y otros puestos nombrados a dedo que, pese a ser innecesarios en su mayor parte, son los que cobran los sueldazos en las Administraciones Públicas y su teórica función puede ser desempeñada de forma más cualificada por muchos funcionarios públicos titulados y que lamentablemente están infrautilizados.

HAGAN que los políticos corruptos de sus partidos devuelvan el dinero equivalente a los perjuicios que han causado al erario público con su mala gestión o/y sus fechorías, y endurezcan el Código Penal con procedimientos judiciales más rápidos y con castigos ejemplares para ellos.

INDECENTE, es que el salario mínimo de un trabajador sea de 624 €/mes y el de un diputado de 3.996, pudiendo llegar con dietas y otras prebendas, a 6.500 €/mes. Y bastantes más por diferentes motivos que se  le pueden agregar.

INDECENTE, es que un profesor, un maestro, un catedrático de universidad o un cirujano de la sanidad pública, ganen menos que el concejal de festejos de un ayuntamiento de tercera.

INDECENTE, es que los políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca (siempre por unanimidad, por supuesto, y al inicio de la legislatura)

INDECENTE, es que un ciudadano tenga que cotizar 35/40 años para percibir una jubilación y a los diputados les baste sólo con siete, y que los miembros del gobierno, para cobrar la pensión máxima, solo necesiten jurar el cargo.

INDECENTE, es que los diputados sean los únicos trabajadores (¿?) de este país que estén exentos de tributar un tercio de su sueldo del IRPF.

INDECENTE, es colocar en la administración a miles de asesores = (léase amigotes con sueldos que ya desearían los técnicos más cualificados)

INDECENTE, es el ingente dinero destinado a sostener a los partidos y sindicados pesebreros, aprobados por los mismos políticos que viven de ellos.

INDECENTE, es que a un político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad para ejercer su cargo (ni cultural ni intelectual)

INDECENTE, es que el coste que representa para los ciudadanos sus comidas, coches oficiales, chóferes, viajes (siempre en gran clase) y tarjetas de crédito por doquier.

INDECENTE, no es que no se congelen el sueldo sus señorías, sino que NO se lo bajen.

INDECENTE, es que sus señorías tengan seis meses de vacaciones al año.

INDECENTE, es que ministros, secretarios de estado y altos cargos de la política, cuando cesan, son los únicos ciudadanos de este país que pueden legalmente percibir dos salarios del Erario Público.

Y que sea cuál sea el color del gobierno tooooooodos los políticos se benefician de este moderno "derecho de pernada" mientras no se cambien las leyes que lo regula.

¿Y quiénes lo cambiarán? ¿Ellos mismos? Já.


jueves, 3 de enero de 2013

Carta a los Reyes Magos

   

       Los buenos gobernantes están  al servicio de las personas y so se sirven de su pueblo.
       Los buenos gobernantes cuando viajan gustan de sentarse en medio de la gente para conocerla mejor.
       Los buenos gobernantes son honrados y sirven de modelo a empresarios y ciudadanos.
       Los buenos gobernantes ponen las leyes al servicio de las personas y no para que sean una carga para ellas.
       Los buenos gobernantes primero adelgazan sus sueldos y después suben los impuestos.
       Los buenos gobernantes procuran que la justicia sea igual de justa (de justicia) para todos y no que sea justa (de justeza) para algunos.
       Los buenos gobernantes invierten en el bienestar y promoción de las personas y no gastan en subvenciones.
       Los buenos gobernantes promueven la iniciativa privada y la empresa pública cubre sus deficiencias y llega donde aquella no alcanza.
       Los buenos gobernantes como los buenos empresarios eliminan los departamentos que no son productivos y rentables.
       Los buenos gobernantes cuando bajan el sueldo de los funcionarios ya bajaron el suyo primero.
       A los buenos gobernantes les importan más las personas que las instituciones.
       De buenos gobernantes sí que los hay, y conozco algunos. Los que nos faltan pues los Reyes Magos que los encuentren y nos los traigan, porque la realidad primero se ha soñado y se ha solicitado y también se ha trabajado.