jueves, 10 de mayo de 2012

El móvil y las buenas maneras

He estado leyendo un articulo publicado en Aceprensa que trata de como el móvil nos puede tener a veces de cogidos, tal vez inconscientemente, lo cual a parte de la dependencia da a lugar a faltas de educación y buenas maneras. Breve es el articulito, pero una vez leído igual pensamos que le cuadra perfectamente a tal persona, por no decir a uno mismo. Lo dejo ahí para deleite de quien lo pille.



Muchas veces hemos llamado la atención a alumnos por hablar en clase con el compañero de al lado, pero nunca lo habíamos tenido que hacer por hablar, también con el compañero de al lado, mediante WhatsApps con el móvil escondido en el regazo o tapado por el estuche. De un tiempo a esta parte, nos hemos encontrado con casos paradójicos: alumnos que, en mitad de la clase, están de cháchara sin pronunciar palabra.
Esa falta de educación o de urbanidad en el uso de las nuevas tecnologías no las percibimos sólo en clase, sino que están en las oficinas, en los hospitales, en las iglesias, en los conciertos, en los cines, en las reuniones, en la calle… Hemos aprendido a utilizar lo que la técnica ha puesto en nuestras manos, pero no parece que sepamos utilizarlo bien.
Nos hemos dado mucha prisa en subirnos a la banda ancha de las nuevas tecnologías, tanta que hemos dejado de lado algo crucial: cómo utilizarlas para que no trastoquen, como lo están haciendo, nuestras relaciones sociales y para que no nos convirtamos, por su culpa, entre otras cosas, en perfectos maleducados.
Una lectora amiga nos preguntaba en una entrada anterior si conocíamos un manual de buenas maneras aplicado al uso de los móviles. No sabemos si existe, pero es verdad que urgen, aunque sólo sea, unos criterios que podemos aplicarlos en nuestra familia. Proponemos estos:
Primero las personas. Aunque al otro lado de la línea haya una persona, hemos de atender primero a la que tenemos junto a nosotros. No es justo que alguien que llama por teléfono se cuele en una conversación, aunque lógicamente la culpa la tiene quien le da paso. El tan célebre “no me pase llamadas” deberíamos decírnoslo a nosotros mismos. En el caso de que esperemos una llamada urgente o importante, deberemos avisar que estamos pendientes del teléfono y pedir permiso para contestar.
Respetar la intimidad. Por ejemplo, no enseñar WhatsApps o mensajes guardados, fotos o simplemente llamadas perdidas a terceras personas. Hemos de excusarnos cuando recibimos una llamada y buscar un lugar reservado para mantener esa conversación con un mínimo de privacidad.
Seguridad. Mantener una medidas mínimas de seguridad técnicas: bloqueo automático, pin… y personales: sólo agregar amigos reales, es decir, que los amigos virtuales sean los mismos que los reales. Respecto a los hijos hemos de controlar el gasto y hacerles de vez en cuando el test de la adicción: que nos enseñe las llamadas y los mensajes que ha hecho un día cualquiera, que pruebe a estar una jornada sin móvil –observaremos si está nervioso, ansioso o irritable–, ¿ha dejado de hacer deporte o lee menos desde que tiene móvil, está más arisco, menos sociable?…
Fuera de cobertura. Saber desconectar los aparatos digitales en lugares como el cine, el colegio, en una conferencia o simplemente cuando se quiere estar con y por una persona, a la hora de estudio o durante las comidas familiares. En todo caso, el lugar del móvil ha de ser el bolso o el bolsillo, debemos evitar llevarlo en las manos o dejarlo sobre la mesa.
Parking de móviles. Podemos establecer en nuestra casa un aparcamiento para móviles donde todos dejaremos los aparatos desconectados hasta el día siguiente. Algunos adolescentes duermen, no sólo con el móvil activado, sino pendientes de él.
Estos criterios no sólo pueden mejorar la urbanidad en el uso de las nuevas tecnologías, sino también devolvernos a la normalidad. Problemas afectivos, como la soledad, la inseguridad, las dificultades de relación, han encontrado una falsa solución en las pantallas, donde se refugian muchos adolescentes para no tener que enfrentarse con una realidad demasiado real.

domingo, 6 de mayo de 2012

Una sonrisa

Alguien dijo: "Una sonrisa cuesta menos que la electricidad, pero da más luz". Pues con lo cara que se está poniendo, que no quede por la sonrisa. Ahí dejo ese chispazo:


           CARTA DE UNA MADRE GALLEGA...


        Querido filliño:
        Te pongo estas líneas para que sepas que te escribo. Así que si recibes esta carta es porque te llegó, si no avísame y te la mando de nuevo.
        El otro día tu padre leyó que según las estadísticas, la mayoría de los accidentes ocurren a un kilómetro de casa, así que nos hemos mudado más lejos. La casa es preciosa; tiene hasta una lavadora que no estoy segura si funciona o no. Ayer metí ropa, tiré de la cadena y no he vuelto a ver la ropa desde entonces, pero bueno...
        El tiempo aquí no es tan malo, la semana pasada solo llovió dos veces. La primera vez durante tres días y la segunda durante cuatro.
        Con respecto a la chaqueta que querías, tu tío Pepe dijo que si la mandábamos con los botones puestos pesaría demasiado  y el envío sería muy caro, así que le quitamos los botones y los pusimos en el bolsillo.
        El médico vino a la casa para ver si estábamos bien, y me puso un tubito de vidrio en la boca. Me dijo que no la abriera por 10 minutos y tu padre se ofreció a comprarle el tubito.
         Hablando de tu padre ¡que orgullo!, te cuento que tiene un nuevo trabajo con cerca de 500 personas a su pies. Lo han cogido de jardinero en el cementerio de pueblo.
        Tu hermana Pilar, la que se casó con su marido, va a tener un hijo. Si el bebé es una niña, tu hermana va a nombrarla como yo. Se nos va a hacer muy raro llamar a su hija "Mamá". Tu padre le preguntó a tu hermana si estaba segura de que era de ella, y dijo que sí. 
        A quien nunca hemos visto más por aquí es al tío Venancio, el que murió el año pasado.
        Y tu hermano Juancho... Cerró el coche y dejó las llaves a dentro. Tuvo que ir hasta la casa por el duplicado para poder sacarnos a todos de dentro del coche.
        Todos te extrañamos mucho, pero mucho más desde que te fuiste. Tienes que escribirnos contándonos que tal te va con tu nueva novia extranjera, no sabes cómo nos pusimos de contentos cuando nos dijiste que estabas con Hepatitis. ¿Es acaso griega?, pues no nos lo aclaraste aún. 
        Bueno mi hijo, no te pongo mi dirección en la carta, porque no la sé. Resulta que la última familia que vivió por aquí se llevó los números para no tener que cambiar de domicilio.
         Tu madre que te quiere.


        Tomasa Loureiro de Mougueriño


        P.D. Te iba a mandar 100 euros, pero ya he cerrado el sobre.