Hace unos meses publicó su nuevo trabajo, ‘No te rindas’. ¿Porqué eligió ese título?
Porque estamos en una época muy dura en medio mundo. El ‘Don’t give up’ (‘No te rindas’) es el eslogan que utilizó Tony Blair cuando empezó a liderar a los laboristas en Gran Bretaña. Un grito de guerra para una circunstancia muy difícil.
¿Y qué va a encontrar el lector en él?
Tiene un mensaje optimista, que es lo que te hace crecer como persona. Entre otras cosas explico que son las derrotas las que nos hacen mejorar cuando son asumidas correctamente.
Usted viene a hablar de educación. ¿Nos educan para ser líderes y destacar?
Educar para lograr el éxito es un error. Hay que entender que los triunfadores deben asumir su victoria, algo que es difícil si no se es lo suficientemente maduro.
¿Y cómo se asume la derrota?
Hay que volver a empezar y no darse por vencido. Aprendemos de las grandes dificultades a las que nos enfrentamos a diario. Nos ayuda a superar nuestros propios límites y reinventarnos. Frente a los problemas que la vida cotidiana nos presenta, podemos optar por el lamento o bien tomar las riendas de nuestra existencia.
¿Nos podemos poner un lema al respecto?
Yo empleo el ‘nihil difficile volenti’, que quiere decir que ‘nada es difícil si hay voluntad’. Es decir, no hay que darse por vencido ni aun vencido, no darse por esclavo, ni aun esclavo. Quien supera grandes derrotas, puede con todo.
Pero para eso es necesaria cierta madurez.
Es importante saber asumir. Actualmente existe una cierta socialización de la madurez por el bombardeo contradictorio de mensajes que vivimos. Por ejemplo, en una página de un periódico se lanza un mensaje y en la siguiente, lo contrario. Así es difícil lograr un cierto grado madurativo.
¿Leer es importante?
Leer es muy importante. Por otro lado, estamos en una sociedad donde existe mucha ‘información’ y poca ‘formación’.
Explíquese
La información es datos. La formación es hacer la síntesis, tener criterio, saber a qué atenerse. Con frecuencia los mejores informados no tienen un criterio propio. La formación da solidez y firmeza.
¿Y dónde ponemos la inteligencia, por delante o por detrás de la voluntad?
Yo distingo dos tipos de inteligencia: la emocional (que combina corazón y cabeza) y la instrumental (orden, constancia, voluntad y motivación). Para mí, esta segunda es la joya de la corona de la conducta.
Volvemos a no rendirnos.
Hay tres fórmulas para no rendirse: la primera, distinguir entre metas y objetivos. Las metas son muy amplias y vagas, y los objetivos son medibles. La segunda cuestión importante es tener una buena educación de la voluntad, a la que la psicología moderna considera más importante que la inteligencia. Y, en tercer lugar, nunca hay que sentirse derrotado y hundido.
Permítame una pregunta tópica: ¿qué es la felicidad?
Je, je… Para mí es un estado de ánimo, un estar contento con uno mismo y comprobar que hay una buena relación entre lo que uno ha deseado y lo que ha conseguido. La felicidad es una vida lograda cuando haces balance de los cuatro grandes temas: amor, trabajo, cultura y amistad. Y no depende de la realidad, sino de la interpretación de la realidad que tú haces.
Deme un consejo para ser feliz en la vida.
Primero: ver siempre el lado positivo de las cosas. Segundo: tener una voluntad de hierro (que es más importante que la inteligencia). Y tercero: no equivocarse en las expectativas. Es decir, no esperar demasiado. Es entonces cuando superamos esas expectativas.