Cuando iba a su casa los admiraba. Ella tenía buena mano en su cuidado y ellos la correspondían multiplicándose. Un día me regaló uno, un manojo de plumas azules que pellizcaba mi mano. Así fue como Perico llegó a mi casa, vino y se quedó, y ha sido la suya por más de una década.
No era muy amante de dar paseos fuera de la jaula, pero cuando salía se posaba en mi hombro y gustaba de enmarañar sus patas en mis cabellos, luego, un corto vuelo y regresaba a sus estancias.
A hablar no llegó, aunque más bien fue por desinterés del profesor que por aplicación del discípulo. Sin embargo era habitual un silbido al oirme llegar "pssssiiiit", y si yo le silbaba siempre respondía "pssssiiiit"
Por la noche al apagar la luz, sacudía sus plumas, como preparando el embozo para su sueño, y yo le decía: "Perico, a dormir" y él: "pssssiiiit"
Tenía un amigo muy querido, de su misma especie y azul como él. Siempre lo encontraba asomado en un pequeño espejo, que se le hizo imprescindible. ¡Cuantos susurros y confidencias las dos caritas pegadas en el cristal!
Esta semana se despidió y se durmió... Y sigue dormido, en un nido en la tierra donde crecen las raices de los pinos. Desde allí podrá oir como en las ramas revolotean las palomas y los gorriones, y de vez en cuando el susurro del viento cruzando el pinar.
Alguna vez se me escapa un silbido, y de muy lejos, tal vez de un cielo de pajarillos, parece me llega "pssssiiiit"
Siempre he tenido pájaros: canarios, verderones, jilgueros... Ahora tengo 10 canarios parlanchines. Y con frecuencia he tenido que preparar estas camitas mullidas para los que se duermen, embolados, la cabecita bajo el ala, y se van. Cuando yo me muera quiero que vuelvan, quiero escucharles, verles volar a mi alrededor, porque sigo añorando a estas inquietas bolitas de plumas,que se volvían locas de alegría cuando escuchaban música de Vivaldi. Serena
ResponderEliminarSería una grata sorpresa encontrarse en el Cielo con estos pajarillos... ¡que niñadas se le ocurren a una!
Eliminar