sábado, 15 de diciembre de 2012

El Hobbit

¡Por fin!
Transcribo la crítica que hace de la película Jerónimo José Martín, pero lo mejor es verla y disfrutarla


              Tras convertirse en el rey del gore cutre -a través de películas como Mal Gusto, Meet the Febles o Braindead-, el neozelandés Peter Jackson se moderó bastante en Criaturas Celestiales y Agárrame esos fantasmas. A continuación sorprendió a propios y extraños con sus tres excelentes adaptaciones de El Señor de los Anillos (2001-2003), la magistral saga de fantasía heroica del inglés J.R.R.Tolkien. Después dirigió la notable King Kong y la decepcionante The Lovely Bones. Ahora, casi recupera su mejor nivel en El Hobbit: Un viaje inesperado, primera de las tres aventuras fílmicas en las que Jackson ha convertido la novela juvenil que Tolkien escribió para sus hijos en 1932, enriquecida aquí con diversos elementos de El Silmarillion y los Cuentos inconclusos, con el fin de darle un mayor vuelo mitológico. Aunque, seguramente, en la decisión de hacer una nueva trilogía han pensado sobro todo las motivaciones comerciales.
       El guión lo firman el propio Peter Jackson, Philippa Boyens, Fran Walsh y el mexicano Guillermo del Toro, que inicialmente iba a dirigir esta nueva trilogía. La acción se desarrolla en la imaginaria Tierra Media unos 60 años antes de los hechos relatados en El Señor de los Anillos. Allí vive Bilbo Bolsón (Martin Freeman), un joven hobbit que vive tranquilamente en su hogar de la Comarca, hasta que el poderoso mago Gandalf el Gris (Ian McKellen) se presenta allí con trece ruidosos enanos, liderados por Thorin Escudo de Roble (Richard Armitage), que invita a Bilbo a acompañarles en una peligrosa aventura. Pretenden viajar hasta la lejana Montaña Solitaria de Oriente para reconquistar la mítica ciudad de Erebor, violentamente arrebatada a los enanos hace años por el espeluznante dragón Smaug. Bilbo acepta finalmente la invitación y vive con sus camaradas todo tipo de aventuras, durante las que luchan con tragos, orcos, wargos salvajes, arañas gigantes, malvados hechiceros y una esquizofrénica criatura, Gollum (Andy Serkys), obsesionada por un poderoso anillo mágico, que conserva celosamente en su poder.
       Al margen de su versión en 48 fotogramas por segundos -solo visible en pocos cines- esta película depara pocas novedades narrativas y estéticas, y alarga en exceso su trama, al estilo de las versiones extendidas de la Trilogía del Anillo. Además le cuesta arrancar, quizás porque Jackson ha querido perfilar con cierta intensidad los numerosos personajes protagonistas. En todo caso, a mitad de metraje el film alcanza su velocidad de crucero, la mantiene hasta el abierto desenlace y depara entre medias brillantes secuencias intimistas y de acción, resueltas con espectaculares efectos visuales y un sobrio, pero impactante, 3D estereoscópico. En unas y otras brillan de nuevo los bellísimos paisajes neozelandeses, así como un esmerado trabajo de fotografía, ambientación y vestuario, que sumerge al espectador en el abigarrado universo fantástico de Tolkien.
       Todos los actores encarnan a los personajes con convicción, aunque destaca claramente Martin Freeman, que da vida a Bilbo Bolsón con un amplio despliegue de recursos interpretativos. Él sostiene el eficaz humor que impregna toda la película -sobre todo en las secuencias iniciales y durante su espléndido duelo de acertijos con Gollum, y él da entidad dramática y moral a las sencillas pero profundas reflexiones del guión en torno al ansiado calor del hogar, el heroísmo de las personas corrientes, el trabajo en equipo y la grandeza del perdón a los enemigos frente a la deshumanización de la venganza y el recurso gratuito a la violencia.
       Queda así otro apabullante espectáculo audiovisual, un poco estirado pero impresionante, que quizás adquiera una mayor entidad estética y dramática en sus dos continuaciones: El Hobbit: la desolación de Smaug y El Hobbit: partida y regreso.

Y para saber un poco más...


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